POR DAVID GARCÍA

2016 promete, y mucho, para Ingrid García-Jonsson. Nacida en Suecia hace 24 años, criada en Sevilla y afincada en Madrid, la actriz ha dejado de ser la promesa que se destapó en 2014 con la película Hermosa juventud, su primer filme, que le valió una nominación al Goya como Actriz revelación. En apenas 24 meses se ha convertido en una realidad, sumando a su currículum títulos como Gernika, Acantilado, Embarazados o Toro, la cinta de Kike Maíllo con la que este año se inaugura el Festival de Cine de Málaga y que llega a las salas el próximo 22 de abril.

En ella comparte reparto con todo un sex symbol como Mario Casas. «Él es el hombre ideal para cualquier mujer», asegura, reconociendo así las virtudes que han hecho del gallego uno de los nombres más cotizados. Pero no se olvida del resto de compañeros de cásting, como Luis Tosar o José Sacristán, cuando no duda en afirmar que sus hombres ideales son, ahora mismo, sus compañeros de rodaje.

Aun con los piropos a Mario Casas, a Ingrid García-Jonsson le gusta otro tipo de hombre. Uno con un estilo más cercano a su forma de ser. «Un chaval normal, que me haga reír». Lo cuenta, como no puede ser de otra forma, con una sonrisa en su boca. «Y que sepa cocinar, porque yo no sé».

Tal vez en sus gustos tiene mucho que ver su actual barrio madrileño: Malasaña. «Camiseta, vaqueros, una cosa normal». Así ve la actriz a su chico ideal. Sencillez ante todo, certificando que, para ella, menos es más. «No me gustan los hombres que tardan más que yo en arreglarse», resume categórica. Con todo, Ingrid termina por reconocer que no es exigente con el estilo del sexo opuesto. De hecho, fiel a su carácter risueño, asegura que ni siquiera puede decidirse por un hombre con barba o sin ella. n